Era el mejor día de mi vida y no lo sabía.

Yo nací en México pero unos años viví en Estados Unidos con mi familia, mi familia no era exactamente la llamada “familia de barrio” pero creo que me falta barrio, nunca hemos comidos unos tacos en la calle o comido en locales de fondas de comida corrida, siempre vamos a restaurantes y aunque he probado los tacos de la cadena Taco-Inn sigo sin saber porque tanto revuelo por los tacos de México.

Este año entré a una preparatoria pública y me he tenido que adaptar a un montón de cosas de las que solo había escuchado hablar, conocí un par de chicos que son muy agradables y hacen cosas que al parecer son muy comunes, ese día se me ocurrió decir en voz alta que , cito. “No me gustan los tacos” todos se me quedaron viendo como si hubiera insultado lo que más querían en su vida.

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-¿Qué cosa dices? ¿Estás bromeando verdad?- me reclamó Mauricio y a juzgar por su cara estaba esperando que afirmara que era una broma.

-No, espera ¿Por qué no te gustan los tacos? ¿Te caíste de la cama cuando estabas chiquito? – dijo Alexa

Las miradas seguían puestas en mí y yo no sabía que contestar o hacer, al parecer decir eso en voz alta fue la peor decisión que hice.

Mauricio se alivianó un poco y me preguntó

-¿Cuáles fueron los últimos tacos que probaste?

-Taco Inn –respondí

En el momento que terminé la palabra las miradas de desaprobación, risas y bufidos salieron casi de forma automática. Yo seguía sin verle lo malo, a mi familia les gustaba.

-No puede ser, hay que arreglar eso ¡Ahora! ¿A qué tacos lo llevamos?

Todos se reunieron con sugerencias, mencionando una cantidad inmensa de lugares con nombres graciosos “El Paisa”, “Los Güeros” ,”Los papis” además de observaciones como que estaban bien servidos, que le puedes poner todo el limón que quieras. Al parecer yo no tenía voz ni voto, mi destino estaba siendo elegido y yo solo podía

observar.

La discusión hizo que algunos subieran la voz pero después de unos minutos, Mauricio me anunció la decisión: Decidimos llevarte a los tacos del “Don”

-¿Don qué?

-No, solo es el Don a secas

Mañana te llevamos y como es tu primer taco va por nuestra cuenta.

Mentiría si les dijera que estaba tranquilo, me puse nervioso porque nunca había visto tanta organización de parte de los estudiantes para algo, las asambleas escolares estaban desiertas pero esa reunión parecía que tenían el destino del mundo en sus manos y lo mejor es que todos íbamos a salir vivos gracias a su visión.

Al otro día terminó nuestra clase y todos estaban puntuales cerca de las jardineras esperando a que yo llegara, cuando lo hice no pude evitar ver la emoción de las miradas de todos, me recordaron  cuando hice mi primera comunión, incluso uno de mis compañeros me tomó foto que para tener el “antes”.

Seguía nervioso, no quería alejarme mucho de la escuela pero quería confíar en ellos por primera vez. El local estaba a dos cuadras de nuestra escuela, había mucha gente y algunos carros blindados al frente.

Mauricio dijo en voz alta

-Don, este wey no ha probado los tacos al pastor, piensa que los del Taco Inn son tacos

El Don quien estaba haciendo muchas cosas al mismo tiempo se me quedó viendo.

-No manches manito, ahorita le damos dos tacos para que vea lo que es un taco de verdad y para que te animes estos te los regalo.

-G-gracias – dije en voz baja pero temo que no me escuchó.

Los demás empezaron a pedir, nunca había visto que alguien pudiera retener tanta información, eran unos ocho pedidos y ninguno se le olvidó.

Mis tacos llegaron en muy poco tiempo, era un plato de plástico de color amarillo, cubierto con una bolsa de plástico y un cuadrado de papel estraza con un poco de grasa abajo, se veían dos tortillas de diámetro pequeño que sostenían a la carne color naranja, arriba tenía piña, cilantro y cebolla en trozos pequeños, a lado estaban partidos dos limones.  Todos se quedaron en silencio un momento, me había convertido en la atracción principal.

Incluso gente que no era de mi grupo de amigos volteaba con curiosidad para ver mi expresión.

Levanté una tortilla con la carne.

-¡No! Con las dos tortillas

Me avergoncé ante la sugerencia, lo levanté con las dos, me lo llevé a mi boca y lo próximo que probé era el cielo.

El sabor de la carne jugosa, el juego de la piña sobre ella con la tortilla azul, combinada con la textura crujiente de la cebolla y la flexibilidad del cilantro era lo más deliciosos que había comido.

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No tuve que decir nada, mi cara lo reflejó todo,  los demás comenzarón a celebrar

-Eso si es un taco manito –dijo el Don

Devoré cerca de 5 tacos ¡Sabían delicioso! No pude creer que había vivido tanto tiempo sin probarlos.

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